LA “ALBUFERA” DE VALENCIA.

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Puedo decir, –y, digo–, que el “lago”, –mejor, laguna–, es uno de mis preferidos lugares de estancia, sedante, luminoso, de aguas quietas, venero del “samaruc”; y, de ello, que no resista a la tentación del “copy-paste”, –con los añadidos de varias “fotos” de mi archivo–, de parte este buen trabajo periodístico.  Desde la “orilla” costera del “Palmar”, sitio de encanto, muy abastecido de “restaurantes”, se viven largos gratos ratos, ¡¡a mi gusto al menos…!! Amén.
https://es.wikipedia.org/wiki/Valencia_hispanica
https://es.wikipedia.org/wiki/El_Palmar_(Valencia)

L’Albufera: Agua, barro y regeneración

FOTOS: EVA MÁÑEZ./FOTOS: GERUNDIO
VALENCIA. En 1911 el Ayuntamiento de Valencia compró el lago de l’Albufera y la Devesa del Saler por poco más de un millón de pesetas a la Corona de España. Hoy, un siglo después, su valor sería de 3.319 millones de euros. No es que nadie pretenda venderla ni comprarla ahora: la cifra procede de la actualización de un trabajo de la ETS de Ingenieros Agrónomos, elaborado por Lucía Prats. Calcular los activos de l’Albufera es un elemento importante para contribuir a su conservación y protección porque, evidentemente, la mejor manera de valorar algo es ponerle precio. «La sociedad no tiene la percepción de todo lo que aportan los humedales, uno de los sistemas más productivos del planeta», explica Vicent Estruch, director del estudio junto a Jerónimo Aznar.
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Las zonas húmedas contribuyen, entre otras cosas, a evitar inundaciones, frenar la intrusión marina, funcionan como recarga de acuíferos y absorben contaminantes. De esta última de sus virtudes surgen sus mayores problemas. Actúan como unos ‘riñones del paisaje’ renovando constantemente los ciclos hidrológicos y químicos, mientras sirven como supermercados biológicos para una inmensa variedad de vida. Pero hay más.
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UN HUMEDAL ÚNICO EN EUROPA
En el cálculo del valor económico de l’Albufera intervienen las matemáticas, pero también los sentimientos y las sensaciones. El primer paso del estudio, realizado en 2009, es obtener el precio de mercado del cultivo del arroz, la pesca y la caza, los usos directos que se hacen del paraje. Estos datos suponen sólo el 12% de la cifra total de la investigación.

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El resto de la información sobre usos indirectos como el turismo, la valoración del paisaje o las opciones de futuro se obtiene a través de encuestas del modelo AHP, efectuadas entre expertos que conocen bien el medio, entre ellos biólogos, funcionarios, ornitólogos, agricultores, pescadores o cazadores. El valor económico total que más aprecian los encuestados, con un porcentaje del 34%, es la existencia misma de l’Albufera por su biodiversidad, patrimonio cultural y paisaje visual.

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Para atraer sobre el paraje la atención de un segmento más amplio de visitantes, Estruch, profesor titular de Economía y Ciencias sociales, se muestra partidario de permitir actividades náuticas sin motor dentro de l’Albufera como el windsurf, el kitesurf u otras modalidades de vela, siempre evitando el impacto en la fauna, porque «la gente que las practica presionaría para que el agua estuviera limpia y cuando más gente disfrute del parque más valor tendrá». En la actualidad como uso recreativo sólo está autorizada la vela latina y los paseos en barca, además de la pesca. La dirección del parque natural considera otros usos náuticos incompatibles con la preservación del paisaje cultural tradicional.

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La variedad de ambientes que ofrece el parque natural es amplia y sorprendente en una extensión de 21.000 hectáreas, que abarca 13 términos municipales, desde Valencia hasta Cullera. Un humedal único en Europa por su integración en una gran ciudad, donde los humanos trabajan y viven de manera ininterrumpida desde hace más de mil años, modelando el paisaje para ganar su espacio entre el mar y la tierra. Un cordón de dunas, playas y malladas recuerda su origen en las aportaciones de los ríos Turia y el Júcar.
El depósito de sus sedimentos cerró un antiguo golfo marino para convertirlo en una albufera, nombre que proviene del árabe ‘Al Buhaira’. Ésta es la zona de mayor valor ambiental rodeada por la densa jungla mediterránea de carrizos, salpicada por islas o matas que ofrecen un atractivo punto de parada y fonda para las aves. Hasta 350 especies encuentran su área de descanso en el parque, en uno de los puntos de concentración más grande del continente durante el invierno. En el último censo invernal se contabilizaron 85.419 ejemplares.
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Y como pueden, sobreviven peces diminutos en tamaño pero enormes en valor como el samaruc y el fartet. Alrededor se extiende la zona de marjal, el ambiente más extenso del parque donde crecen los arrozales. Todo depende de un delicado equilibrio basado en el agua, principalmente originaria de los ríos Turia y Júcar, que se distribuye a través de barrancos y una intrincada red de acequias y canales.
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L’ALBUFERA TIENE SED
El gran problema es la falta de agua en cantidad y calidad. L’Albufera sufre la presión de un millón y medio de habitantes, donde los vertidos industriales, urbanos y agrícolas producidos básicamente desde los años 60 han dañado gravemente la calidad del agua. Su aspecto opaco y amenazante está proporcionado por una serie de microalgas y fitoplancton que evidencian un exceso de nutrientes y provocan una falta de oxígeno.
La introducción de medidas correctoras basadas sobre todo en la depuración redujeron los vertidos contaminantes a partir de los años 80, pero resultan insuficientes para recuperar la calidad ecológica. En los últimos años la mejoría se ha frenado aún más ante la disminución de los retornos de agua de riego por el ahorro hídrico que supone el goteo, y a causa de los trasvases. «No le están dando dotaciones suficientes para mantenerla», concluye el profesor Estruch. Las que sí llegan son las escorrentías de lluvias, que contribuyen a introducir más contaminantes en el humedal.  Para ayudar a paliar la falta de recursos hídricos, el entonces Ministerio Medio Ambiente autorizó en 2006 la reutilización de las aguas residuales de la planta de Pinedo por una Declaración de Impacto Ambiental (DIA).
Xúquer Viu y Ecologistas en Acción han denunciado recientemente ante la Fiscalía de Medio Ambiente de Valencia esas aportaciones procedentes de Pinedo porque, según consta en la demanda, «tienen un grave riesgo de producir daños ambientales irreparables y, además, presumiblemente vulneran la legislación». La denuncia solicita «la paralización de los vertidos» y que «se determinen las responsabilidades en que pudieran haber incurrido las autoridades y personal adscrito a la administración».
Enrique Lapuente, ingeniero de caminos y autor del informe que acompaña la denuncia, explica que no existe un estudio específico previo para el uso de este tipo de agua como exige la Declaración de Impacto Ambiental. Unas aportaciones que contienen una elevada proporción de fósforo, uno de los elementos más nocivos para el ecosistema, que está presente por ejemplo en el jabón que utilizamos para lavar la ropa y que va a parar a la alcantarilla.
Para que el agua pueda trasladarse a l’Albufera la normativa establece que debe tener como máximo 0,1 miligramos por litro de este elemento, nivel «de imposible cumplimiento con el tratamiento convencional de fangos activados y terciario convencional con que cuenta la planta de Pinedo», detalla la denuncia. Otra polémica histórica se abate sobre el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) de l’Albufera, en fase de exposición pública después de que la anterior propuesta fuera anulada por el Tribunal Supremo en 2012. Acció Ecologista Agró ha impugnado la totalidad del texto por considerarlo «arbitrario, desfasado» y que «no ofrece soluciones para los problemas del parque natural» porque toma como referencia un plan de 1995. El Prug es un instrumento para hacer compatibles las necesidades de protección del espacio protegido con el aprovechamiento de sus recursos.
Sobre la falta de agua, el problema clave para el futuro de l’Albufera deriva del Plan Hidrológico de Cuenca del Júcar 2015-21, que cuantifica las necesidades hídricas del lago en 167 hm3 al año, una cantidad muy inferior a los recursos que recibía anteriormente. «Una casa que no se ventila es una casa que tiene el aire viciado, una casa que no se barre con frecuencia acaba acumulando suciedad, y eso es lo que está ocurriendo en l’Albufera», define Lapuente.
El agua procedente de Pinedo entra por un único punto en la zona norte del espacio protegido. El director del Parque Natural, José Segarra, explica que se han iniciado unas obras de canalización que permitirán trasladarla hasta Catarroja, para poder distribuir el agua de la depuradora por más zonas del paraje, «así tendrá más superficie para renaturalizarse», añade. Segarra reconoce que «lo lógico es que hubiera suficientes aportes hídricos para facilitar una renovación», al tiempo que defiende un nuevo drenaje de los lodos depositados en el fondo de la laguna. «En estos momentos están tapona dos los acuíferos, que impiden que agua de calidad aflore a l’Albufera». Para ello plantea extraer esos fangos cuando haya dotación presupuestaria.
El mayor depurador de l’Albufera es el arroz, que ocupa más 15.000 hectáreas. Las diferentes fases de cultivo cambian la fisionomía del paraje en función del agua que necesita. Su nivel máximo se produce en invierno, el medio en época del cultivo y el mínimo durante la cosecha, cuando se abren las golas para que salga el agua de los campos.
Este año se ha adelantado el fanguejat, el momento en que los tractores remueven la tierra antes de plantar. Un proceso muy esperado por las aves, que se dan un gran festín con todos los pequeños invertebrados que salen a la luz. Las garzas, que tienen aquí una de las mayores colonias del Mediterráneo, y las gaviotas dependen del arroz.
Entre sus aguas encuentran anfibios y otros pequeños animales que les sirven de alimento, por ello son importantes «las buenas prácticas en el control de plagas con productos respetuosos con el medio ambiente», explica Pablo Vera de la Sociedad Española de Ornitología, encargada de efectuar los censos. En la presente campaña han detectado un sensible descenso de ejemplares respecto al año pasado.
El problema ambiental más destacado relacionado con el arroz se produce por sus rastrojos. Diversos estudios plantean alternativas para que los desechos tras la siega no acaben en el fuego y sean reciclados. La idea es evitar los daños que el humo puede generar entre la población, y los que produce en el ecosistema la putrefacción de la paja, cuando no es quemada o reaprovechada. En la presente campaña, y después de varios años, la Generalitat ha vuelto a autorizar la quema de la paja del arroz en algunas zonas.
Sí presenta muy buena calidad la producción de arroz de esta temporada, como explica Josep Grau, de la Unió de Llauradors i Ramaders, que detalla como los precios se sitúan entre 27 y 32 céntimos el kilo, un repunte respecto a los dos años anteriores. A diferencia del grano largo, que suele utilizarse como acompañamiento en las comidas, el grano redondo que produce la marjal es el rey de la gastronomía valenciana. Degustar un buen plato de arroz puede ayudar a recordar que su origen está en un gran humedal, que a pesar de su mala salud sigue ofreciendo sus frutos. L’Albufera tiene un gran precio medioambiental cifrable en euros pero, si no se remedia, su valor puede acabar derrumbándose.
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